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junio 12th, 2012  |  Published in sobre_LDT

Las líneas divisorias del mapa han dejado de guiar nuestras vidas ya. Incluso las personas que comparten un territorio, un contexto o un lugar, ya no se rigen sólo por divisiones semánticas de índole nacional. Los saberes se diseminan por espacios desiguales, pero sobre todo deslocalizados. Y las prácticas artísticas, el arte, no son la excepción. Nuestro país no es ajeno a este hecho: la  importancia de la movilidad.  Pero apenas tenemos en este campo experiencias valiosas. Salvo considerables excepciones, las exposiciones de creadores vivos y/o comisarios, fuera y dentro de nuestras fronteras, no han venido acompañadas del interés esperado por los artistas que desarrollan su labor desde aquí.

Las residencias artísticas son un paso importante en este camino ya que permiten compartir trabajos y experiencias de forma prolongada. Procesos que luego influyen y acaban por formar parte de programas de instituciones. En Lugares de Tránsito hemos trabajado en esa línea y hemos comprobado cómo parte de los autores que hoy se presentan han encontrado otras formas, otras inquietudes y motivaciones en sus respectivos encuentros, y cómo estos están siendo acogidos por otras instituciones internacionales. Las residencias artísticas son esenciales por la movilidad que producen: la movilidad de las personas, de los artistas, del conocimiento entrando y saliendo de un país, los saberes, los métodos, las sensibilidades. Son lazos de colaboración que fomentan el intercambio de imaginarios y, en definitiva, permiten participar de las transformaciones sociales de nuestro mundo y nuestro tiempo.